Sobre el libro de Osho “Amor” ( Prólogo de Ma Prem Nalini - Graciela Cohen )

La vida nos ofrece permanentemente una oportunidad para abrirnos a la sustancia espiritual que nos constituye: el amor.

Comprometidos a sostener su poder curativo, el miedo y el control en todos sus matices nos confronta, transformándonos muchas veces en vagabundos de tierras estériles. 

Cualquier persona inteligente y sensible, alguna vez se ha enfrentado a esto, ha recibido el impacto de perder certezas en el corazón y en ese estado se ha preguntado… 

¡¿Cómo es posible que el amor, esa apertura milagrosa llena de gracia que rejuvenece el espíritu, impregna cada cosa, reanima, inspira, ennoblece, revela, alivia, sutiliza, neutraliza, purifica, relaciona, santifica, compadece…ese amor, se convierta en una fuente de desgracias….?! Hay algo que anda mal, muy mal. 

Osho dice que la diferencia está dada entre subir en el amor o caer en él: o una relación consciente, o la urgente y engañosa necesidad de cubrir una ausencia. Entonces encontrar maneras de ir más allá de esta ignorancia es una búsqueda justa, bella e insustituible, ya que a pesar del cansancio el amor resiste, insiste y sobrepasa… 

¿Qué es el amor…qué es este amor?

Nada en el plano espiritual está concluido: la realidad, según los sufíes, es un conjunto de espejos en los cuales la esencia infinita es contemplada bajo múltiples formas.

Entendida desde este plano una relación de amor es una nueva apertura espiritual que nos renueva; por eso en el amor anidan cualidades como el agradecimiento y la reverencia por ese otro, que nos permite aprender a rendir nuestra voluntad, sin lo cual no podríamos transformarnos. 

Ya sabemos que hay momentos para sembrar, otros para cosechar y otros para descansar, y que cada uno trae su dicha. Aprender a disfrutarlos es ir transitando el Camino Abierto del Amor. 

Después de un encuentro hay una separación, un repliegue sobre uno mismo donde la transformación de lo viejo es inevitable; mi experiencia nos indica que nos quedamos atascados al confrontar con nuestras creencias; aceptar el crecimiento de los hijos, cambiar nuestras tareas, abrir espacios para los otros, divorciarnos de nuestro ego…no sabemos vivir estas separaciones como una renovación, las vivimos como un abismo al que nos aferramos para no caer en la grieta. 

Osho nos enseña a transitar ese momento como una oportunidad para que la oscuridad despliegue su luz y el esplendor se irradie…nos invita a confiar en una vida viva donde nada está cerrado, ni terminado; solo las formas mueren porque la existencia siempre busca nuevas maneras. 

Cada pequeño paso dado en esta dirección se convierte en sagrado, ya que nos abre a una nueva dimensión donde el amor por nosotros mismos puede florecer y la “distancia” con lo divino acortarse.

Lo pequeño entonces se convierte en inmenso. Sentirnos hermanados en esta tarea es muy hermoso ya que nadie está fuera de este campo.

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